Buen candidato
- ✓ La pintura y el barniz siguen enteros
- ✓ El golpe es suave o medio, sin pliegue marcado
- ✓ Se puede llegar por detrás del panel
- ✓ Granizo o golpe de aparcamiento de los de siempre
La chapa de tu coche tiene memoria: si no se ha estirado de más, quiere volver a la forma que tenía. El varillero busca el punto exacto del hundimiento, mira cómo ha quedado el metal alrededor y lo va empujando con microtoques hasta devolverlo a su sitio.
Para verlo se usa una pantalla de líneas que se refleja sobre la pintura. Donde la línea se dobla, hay hundimiento; donde se abre, hay una corona. Así se sabe exactamente dónde tocar, y hasta dónde, sin depender del ojo.
Estas tres cosas deciden si una abolladura se puede sacar sin repintar el panel.
Lectura del metal
Las líneas marcan el punto bajo y las coronas que el ojo no llega a medir por su cuenta.
Herramientas específicas
Según por dónde se pueda entrar al panel, cambia la curvatura, la punta y la longitud de la herramienta.
Daño múltiple
La cantidad de hoyos, la profundidad y el acceso a cada panel marcan cuánto tiempo lleva el coche entero.
Imágenes editoriales creadas para explicar la técnica; no corresponden a casos de clientes.
No cuesta nada preguntar y no te comprometes a nada. Cuéntanos qué le ha pasado al coche y desde dónde escribes.